American Cuisine (1998)

La pantalla en negro y sonidos de cortar, cocer, cocinar. Un bebé comiendo puré de patatas. Recuerdos de platos de la infancia. American Cuisine toca los sentidos desde el comienzo.

Loren Collins (Jason Lee), cocinero de la Marina estadounidense, es expulsado del cuerpo porque sus creaciones de alta cocina noconcuerdan con el gusto de los guerreros. En la pizzería familiar tampoco encuentra su sitio. Eso de añadir pepperoni a una masa no va con él.  El chico tiene un sueño, ser un gran chef, y donde lo puede hacer realidad es en Francia. Así llega a un restaurante de cuatro estrellas regentado por el genio, y por lo tanto loco, Louis Boyer (Eddy Mitchell).

El protagonista debe luchar contra el caos de una cocina que no conoce; contra la competencia de algún compañero envidioso y contra la difícil personalidad de Boyer. Tan solo la guapa hija del jefe, Gabrielle (Irène Jacob), le hará su existencia más llevadera.

El film de Jean-Yves Pitoun es una muestra de cariño hacia la gastronomía. Cuando los personajes cocinan, una melodía suena. Son planos y escenas pensadas con mimo y respeto. Los fogones, al encenderse, son los motores de un avión que se prepara para el despegue. Estrés, nervio, pulso. El jefe canta la comanda. ¡Oído! La cámara salta del chef a Loren Collins con rapidez. La sartén se calienta, añade ingrediente, mirada atenta, concentración. Las entrañas de una cocina hechas película.

Pero American Cuisine es algo más que la vida en la cocina. También es humor, principalmente el protagonizado por el excéntrico y gruñón Louis Boyer, un personaje que cree que no hay nada mejor que hacer el amor en una cocina. “No me extraña que la gente se muera” es su reacción ante la comida de hospital. Un papel fantástico.

Es una cinta divertida y con mucho ritmo, muy entretenida. Básica para los amantes de la gastronomía, que deberían verla mientras beben un buen vino como hacen los protagonistas siempre que conversan en la intimidad que da una cocina vacía.

No hay que perderse…

… la escena en la que Louis Boyer y Loren Collins cocinan una langosta. Ambos añaden ingredientes y especias a una pequeña cazuela. Los demás cocineros se apartan y miran como si estuvieran en clase.

Cita:

“Siempre vienen solos; siempre pagan en efectivo; nunca aceptan un regalo; nunca van dos veces al mismo sitio. Nadie sabe quiénes son; son intocables. Antes de irse sacará su tarjeta y pedirá ver la cocina y tal vez la bodega de vinos”

Louis Boyer sobre los inspectores de Larousse Gastronomique

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