Crimen en el restaurante Louis del Bronx

Ayer vi cómo mataban a dos hombres. Trabajaba, como todas las noches, en un restaurante de comida italo-americana del Bronx,  el Louis. Eran las diez y había poca gente. Tres tipos entraron y se sentaron en una mesa en el centro del salón. Yo les atendía y desde el principio no me gustaron ni un pelo. El más viejo era irlandés, flaco, alto y con pinta de poli rudo. Los otros dos parecían italianos. El más joven tenía un moratón en la mejilla izquierda. El otro, seguro, era mafioso. Todos estaban serios. Aquello no iba a ser una cena entre amigos.

Les puse una ensalada como aperitivo. El irlandés rompió el silencio al preguntar qué tal se comía en mi restaurante. El mafioso le dijo que pidiera ternera, que era la mejor de la ciudad. El cumplido no rebajó mi tensión y creí que nunca iba a poder abrir aquella botella de vino tinto que temblaba en mis manos. Tardé una eternidad. Nadie hablaba. Yo no dejaba de mirar fijamente las copas para no derramar ni una gota.

Me retiré y los dos italianos comenzaron a hablar en su idioma. Se callaron cuando les traje la ternera. El irlandés comía mientras los otros dos hablaban de asuntos muy serios. Los ojos del joven decían algo así como “ya verás, ya…”

En un momento dado, el joven se levantó. El otro le cacheó y le dejó ir hacia los servicios. Yo estaba en la barra fumando el tercer cigarrillo desde que entraron los tres tipos. Estaba convencido de que en el restaurante en el que trabajaba cenaban, en ese momento, un mafioso, un poli y un aspirante a matón. No me gustan los mafiosos ni los matones, pero menos los polis.

La puerta del servicio se abrió. Apuré el cigarrillo. Cuando levanté la vista, el italiano se sentaba de nuevo en la mesa. El gángster siguió hablando pero el de la mejilla amoratada pensaba en otra cosa. Me acerqué a retirar los platos y cuando estaba al lado de la mesa ocurrió lo que tenía que pasar.

El joven se levantó muy rápido y disparó. ¡Bang! La sangre del cerebro del mafioso salpicó mi chaquetilla blanca y mi cara. Miré hacia el irlandés, que sujetaba el tenedor con la mejor ternera de la ciudad. ¡Bang! ¡Bang! Un disparo en la garganta y otro en la frente. Mientras me echaba hacia atrás, la cabeza del poli golpeó con fuerza la mesa haciéndola caer. El ejecutor salió por la puerta principal. Me pareció que tiraba el arma.

Hoy no se habla de otra cosa en la calle. Un amigo, cercano a una familia mafiosa, me ha dicho que se avecina una guerra. Michael Corleone, hijo de don Vito Corleone, mató en el restaurante Louis del Bronx al capitán de policía Marc McCluskey y al narcotraficante Virgil Sollozo.  Y yo lo vi.

Del blog Upang Caricature
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3 comentarios en “Crimen en el restaurante Louis del Bronx

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